NEHORIA

Calma

Dónde lo guardas: un recorrido del cuerpo en palabras simples

Una mujer sentada erguida en una silla sencilla, los pies apoyados en el suelo

Nehoria · 4 de septiembre de 2026

Pregúntale a alguien dónde siente el estrés y señalará su cabeza. Pídele que cierre los ojos y revise su mandíbula, y algo cambia. El cuerpo ha estado llevando un registro todo el tiempo, en un idioma de tensión y sujeción, y casi nadie lo ha estado leyendo.

El orden en que pasan las cosas

Solemos suponer que la secuencia es: pasa algo, lo pienso, lo siento, mi cuerpo reacciona. En la práctica el cuerpo suele ir primero. Los hombros suben antes de que llegue el pensamiento. El estómago se aprieta al entrar a un edificio. Para cuando hay palabras, la parte física lleva rato andando.

Por eso un recorrido del cuerpo no es un ejercicio de relajación. Se parece más a leer una página que llevas todo el día escribiendo sin mirarla.

El cuerpo no es una metáfora de lo que sientes. Es donde lo sientes, primero, y a menudo durante horas antes de que lo notes.

Hacerlo sin misticismo

Siéntate o recuéstate. Empieza en la coronilla y baja despacio: frente, ojos, mandíbula, garganta, hombros, brazos, manos, pecho, estómago, caderas, piernas, pies. En cada lugar, una pregunta simple. ¿Hay algo sostenido aquí?

No estás intentando relajarlo. Estás intentando notarlo. Intentar relajarse convierte el recorrido en otra tarea que puedes reprobar, y la tensión no responde bien a las órdenes. Notar alcanza, y notar suele ser lo que suelta.

Los tres lugares que casi todos encuentran

La mandíbula, apretada por concentrarse y por no decir cosas. Los hombros, subidos como preparándose para algo. Y el estómago, que se cierra alrededor de la anticipación con más fidelidad que cualquier otra parte.

El tuyo puede estar en otro lado: la garganta, la espalda baja, las manos. Lo que importa es que es constante. Casi todos tienen uno o dos lugares que guardan todo, y saber cuáles son los tuyos convierte un día vagamente malo en información concreta.

Por qué escribirlo

Porque el patrón es la parte útil, y el patrón sólo aparece con el tiempo. Recorre un minuto, anota dónde y qué tan apretado, y agrega una línea sobre lo que trajo el día. Después de una o dos semanas empiezan a aparecer los pares: los hombros en los días con cierta reunión, el estómago antes de cierta llamada.

Eso ya no es un ánimo. Es un mapa, y sobre un mapa se puede actuar.